El mejor fuejo no es el que se enciende más rápidamente.Mary Ann Evans
Nos sentamos fuera, delante del edificio. Nuestras manos desprendían un inteso olor a gasolina. Estábamos sudando a causa de la carrera y, posiblemente, de los nervios.
Abrimos un par de cervezas, ya relajados, y contemplamos cómo las llamas se iban abriendo paso entre los ordenadores, las impresoras y las paredes.
Durante décadas, despacio, fuimos reuniendo la decisión y el valor para encender la cerilla. Parece mentira toda la vida que hemos gastado mientras tanto.



O la escena final de "El Club de la Lucha".
Magistral.
Un brindis por esa cerilla, salud.